Desde hace mucho tiempo la práctica del respeto se ha ido aminorando en la existencia del ser humano, y mas bien ha ido incrementando el irrespeto en su convivir, no sólo consigo mismo sino también con los demás.

Indudablemente la educación es lo que falla en un alto porcentaje, la formación de la familia, la crisis educativa de los centros educativos en sus diferentes niveles, el relativismo religioso, ético y moral que está presente en la sociedad, tanto de seudo-religiosos como seudo-practicantes … , en fin, la raíz del problema está ahí, pues el respeto se empieza a ganar con educación.

En muchos casos, ante distintas circunstancias y situaciones, se llega a imponer el respeto por “disposiciones”, la fuerza, imposición social, etc.; pues ya que no se gana respeto hay que imponerlo. Se ha afectado mucho a la voluntad del ser humano, pues se ha llegado a tal confusión, en donde “mi opinión”, “mi pensamiento”, son premisas legales de vida, a tal punto que no se admite argumento contrario, con razón o no, es decir, se crea “el espacio”, “mi espacio”, el “soy yo”, afectando a la aceptación, la tolerancia y el respeto que dependen netamente de la voluntad, por lo que el entendimiento que se relaciona con la vivencia y la experiencia, se nubla muchas veces ocasionando muchos problemas, que van desde los más simples hasta los más complejos.

La mentalidad de consumismo ha influido tanto, que el irrespeto a los mayores es un sabor cotidiano en diferentes esferas, pues considerar la sabiduría de un adulto mayor es carente de sentido en algunas mentes, el valorar a una persona por su edad como un producto viejo, un no tomar en cuenta, su momento ya pasó, no está al tanto, o considerar que no es de actualidad, … , constituye un argumento “justificado y con razón”, sin ni siquiera imaginar o considerar su sensatez de vida, el valor de su experiencia, su renovación de vida personal y laboral en el quehacer diario, pues, … , el respeto a las canas, es mejor considerarlo como historia bonita, por lo que su destino adecuado es una casa geriátrica, cuando en el fondo lo que se piensa es en el espacio que ocupa, el visualizar a aquellas personas como “impedimento” a lo que se desea hacer, o el decir simplemente “nos estorban”.

Actualmente, el sentido de la fraternidad humana está muy distorsionado, al igual que el sentido de la libertad del ser humano, pues se refleja mucho en la convivencia laboral, pues no importa lo que se tenga que hacer, lo que se haga a otros para poder sobresalir, desencadenando muchas veces  la caída de aquella empresa, aquella entidad, cuyos responsables en un momento dado no visualizaron el verdadero fondo, confundir trabajadores que están para trabajar, antes que pensar en seres humanos que trabajan.

La ruta de desvalores también se encuentra en la familia en un momento dado, en el ejemplo inadecuado de padres, la actitud insensata de hijos, la desconsideración entre familias, entre vecinos, creándose escenarios de hasta violencia en ciertos momentos.

Todo cobarde siempre pide respeto de frente, pero no juega limpio a las espaldas. Una persona, por muy insignificante que sea, merece que se la respete, pues no existe nadie que no pida respeto para si mismo, hasta quien lo infringe.

La “ley de la vida” siempre recompensa con lo mismo o mejor lo que se hace en la existencia, y el irrespeto cobra factura.

Todo ser humano debe respetar a la autoridad, a sus padres, a sus hijos, a su familia, al adulto mayor, a su Patria, … , e indudable, el respeto inicia en casa.

Una persona de clase vive alimentando la discresión y el respeto, y este es el punto que se debe cultivar, fomentar, para que retomando este valor tan básico para convivir, haga vislumbrar soluciones que muchas veces no se ven, por la práctica de lo contrario, porque realmente donde hay respeto hay amor, donde hay amor está Dios.

Anuncios